EL BAUTISMO 

(Sacado del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1234-1245)

 

El sentido y la gracia del sacramento del Bautismo apare­ce claramente en los ritos de su celebración. Cuando se participa atentamente en los gestos y las palabras de esta celebración, los fieles se inician en las riquezas que este sacramento significa y realiza en cada nuevo bautizado. 

 

La señal de la cruz, al comienzo de la celebración, señala la impronta de Cristo sobre el que le va a pertenecer y significa la gracia de la redención que Cristo nos ha adquirido por su cruz. 

 

El anuncio de la Palabra de Dios ilumina con la verdad revelada a los candidatos y a la asamblea y suscita la respuesta de la fe, inseparable del Bautismo. En efecto, el Bautismo es de un modo particular "el sacramento de la fe" por ser la entrada sacra­mental en la vida de fe. 

Puesto que el Bautismo significa la liberación del pecado y de su instigador, el diablo, se pronuncian uno o varios exorcismos sobre el candidato. Este es ungido con el óleo de los catecúmenos, o bien el celebrante le impone la mano y el candidato renuncia explí­citamente a Satanás. Así preparado, puede confesar la fe de la Igle­sia, a la cual será "confiado" por el Bautismo (cf Rm 6, 17). 

El agua bautismal es entonces consagrada mediante una oración de epiclesis (en el momento mismo o en la noche pascual). 

La Iglesia pide a Dios que, por medio de su Hijo, el Espíritu Santo descienda sobre esta agua, a  fin de que los que sean bautizados con ella "nazcan del agua y del  Espíritu Santo” (]n 3,5).

Sigue entonces el rito esencial del sacramento: el Bautismo propiamente dicho, que significa la muerte al pecado y realiza la entrada en la vida de la Santísima Trinidad a través de la configuración con el misterio pascual de Cristo. El Bautismo es realizado de la manera más significativa mediante la triple inmersión en el agua bautismal. Pero desde la antigüedad puede ser  también conferido derramando tres veces agua sobre la cabeza del candidato. 

En la Iglesia latina, esta triple infusión va acompañada de las palabras del ministro: "N., Yo te bautizo en el nombre del Padre y del  Hijo y del Espíritu Santo".  

La unción con el santo crisma, óleo perfumado y consagrado por el obispo, significa el don del Espíritu Santo al nuevo bautizado. Ha llegado a ser un cristiano, es decir ungido por Espíritu Santo, incorporado a Cristo, que es ungido sacerdote , profeta y rey. 

La vestidura blanca simboliza que el bautizado se ha revestido de Cristo" (Ga 3, 27): ha resucitado con Cristo. El cirio que se enciende en el cirio pascual, significa  que Cristo ha iluminado  al neófito. En Cristo, los bautizados son la luz del mundo  (Mt5, 14; cf Flp 2, 15). 

El nuevo bautizado es ahora hijo de Dios en el Hijo Unigénito. Puede ya decir la oración de los hijos de Dios: el Padre Nuestro. 

La bendición solemne cierra la celebración del Bautismo. En el bautismo de recién nacidos, la bendición de la madre ocupa un lugar especial.